¿Qué es lo que quiere (y lo que necesita) el empresario en México?

Parece que lo quiere todo. Quiere incentivos fiscales, créditos baratos, trabajadores cumplidos, sindicatos honorables, trámites ágiles, que la corrupción no le sea nociva. El empresario quiere que los títulos de propiedad en sus manos, emitidos y registrados, sean válidos frente a quien sea. Quiere en sus interrelaciones con otros empresarios, tener un contrato formal, negociado del mejor modo posible, alineado a su interés, razonable y suficientemente sustentado en lo que se puede y no se puede hacer, y que le ayude a sumar esfuerzos para lograr su empresa, en otras palabras, quiere uno de esos contratos que les dicen a “prueba de balas”, y además, firmado electrónicamente, porque así lo exige la modernidad. En su relación con gobierno, quiere eficiencia administrativa para abrir su negocio en veinticuatro horas, que los permisos y licencias a tramitar sean mínimos y que el retorno sea el más elevado.
Todo esto lo quiere el empresario mexicano, pero nada de esto es trascendente cuando todo falla: Cuando alguien se mete a su propiedad para apropiarse indebidamente de ella y se la arrebata; cuando el socio estratégico abusa, incumple, o lo traiciona; cuando el gobierno clausura o expropia indebidamente su negocio o propiedad, cuando va a un tribunal y no encuentra independencia, profesionalismo, prontitud. Entonces es cuando lo único que necesita el empresario es seguridad, seguridad de que todo tomará su cauce más temprano que tarde. Seguridad de que se hará justicia, seguridad jurídica.
En estos tiempos en que internet y la inteligencia artificial nos escandalizan y trastornan cuando los consultamos por un malestar físico o enfermedad, en materia de legalidad, en estas desesperadas circunstancias, se acude a ambas fuentes de información como si fueran asesores expertos del deber ser. Si la consulta tiene éxito, deducirán las razones de por qué las situaciones que enfrentan son correctas o incorrectas, fundadas o infundadas, y en el mejor de los casos, atinarán al error incurrido y lo que se debiera hacer para remediarlo. La orientación así obtenida es, en el mejor de los casos útil, y en muchos peores, alejada de la realidad. La frustración aparece cuando la opinión abstracta así emitida tampoco aporta seguridad, pues se queda aquella contenida en una pantalla, sin materialidad. Así en óptimas condiciones, es un plano sin ejecutor que lo lleve a cabo.

En Guerra González creemos que hacer el derecho realidad da seguridad, y eso hacemos. Damos seguridad a pesar de trabajar con desfases en la aplicación y vigencia de la Ley y sus interpretaciones. Damos seguridad a pesar de las reformas judiciales y los pocos tribunales independientes que imperan. Damos seguridad a pesar de los vicios de particulares y autoridades que en el ejercicio profesional diariamente tenemos que enfrentar. Damos seguridad a nuestros clientes de que estarán en el mejor escenario posible y prevalecerán al concluir nuestros servicios profesionales. Damos seguridad porque no solo emitimos opiniones, sino porque contando con la confianza de nuestros clientes, las llevamos a cabo hasta el final.
Poder entregar esa seguridad a nuestros clientes no es producto de la espontaneidad ni de la casualidad. Nuestros socios llevan cada uno varias décadas superando este tipo de obstáculos, encontrando los errores, corrigiéndolos y actuando en consecuencia, y esa experiencia, sumada a la que desarrollan día con día, es transmitida y compartida con nuestros socios más jóvenes y asociados, desde el más antiguo y hasta el más joven. Las nuevas tecnologías y herramientas digitales, nunca nos sustituirán porque las entendemos y usamos en nuestro beneficio y de nuestros clientes; así nos hacen ser aún más eficientes en su operación e implementación selectiva, supervisada y congruente. Estamos convencidos que, sólo comprometiéndonos con este proceso de respeto a nuestras instituciones, la legalidad y la justicia, podremos disfrutar de sus frutos y heredarlos responsablemente a las generaciones por venir.
Guerra González no es una marca importada estampada en un despacho nacional para posicionarse en el mercando sin conocerlo. Somos profesionistas orgullosamente mexicanos, que hemos creado esta firma y su reputación en este País, y que, como cualquier empresario, nos enfrentamos a los retos que la labor exige, con preparación de primer nivel, esfuerzo diario y con la convicción de dar el mejor servicio a nuestros clientes para desarrollar la mejor práctica profesional en el ámbito del litigio estratégico de este País, ahora y siempre. No es extraño que los empresarios más importantes de cada sector y los clientes con los asuntos más complejos nos consulten y soliciten nuestros servicios y participación, pues el grado de análisis que como despacho boutique ofrecemos, no tiene parangón.
Por: Guerra González y Asociados.